El ser humano está hecho de relativa pasta dura. Abróchense los cinturones que puede pasar de todo. Desde el absoluto cariño, desde la ternuda de aquellos besos que nos separan, desde la concordancia de nuestros dos cuerpos; hasta el mismísimo desprecio por no hacer aprecio, hasta el mismísimo caos absoluto aparecido por la ignorancia: hasta la mismísima discusión entre alma, corazón y mente.
Quizá sea porque jugamos a ser niños otra vez; porque con nosotros está Júpiter alineado; porque quizá somos de la misma manera diferente... Yo creo que es porque consigues que yo consiga todo, porque hago que te olvides de tus malos días incluso de problemas. Creo que soñamos cómo sería todo esto de la manera en la que nosotros lo controláramos. Éste es mi juego. Atrévete tú también a sentirte Especial.
Un poco de orden.
miércoles, 19 de enero de 2011
viernes, 14 de enero de 2011
La magia de la senectud.

Hoy soñé que envejecíamos juntos. Que compartíamos las mismas ganas de vivir y que nos tratábamos como reyes. Las experiencias que habíamos dejado atrás eran sólo parte más de nuestra persona. Vivíamos siempre el día a día, sin temor a que esto algún día acabase, sin temor a que ninguno de los dos nos perdiese. Han sido años en una sola noche de sueños. Años vividos intensamente, más intenso si cabe que en la propia. Porque me ha encantado soñar contigo, me ha encantado ver tus arruguitas de al lado de tus ojos y al borde de tu boca. Me ha encantado verme a mí, con mil pliegues en la frente y patas de gallo de tanto reir. Cada arruga de éstas, forman parte de distintos grados de felicidad; cada una de ellas son un regalo, es como un álbum de fotos, donde mirándolas una por una pueden dislumbrarnos con los momentos de ayer, los momentos que decidieron que siguiésemos disfrutando de esto. Me ha encantado vernos con tantos años a la espalda porque para llegar hasta allí, no nos ha podido ir mal.
Todo lo que rompe mis silencios, sólo será parte de mi experiencia. Seré una abuela cojonuda.
Todo lo que rompe mis silencios, sólo será parte de mi experiencia. Seré una abuela cojonuda.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Aléjate de mí.

Sólo te pido que tus pensamientos dejen de ahogar mis penas, que no me aturullen al son de tu parpadeo, que camine sólo por donde mi mente me conduzca y que pueda traducir lo bonito que me queda por sentir... me encantaría saber describir lo que busco, pero ni yo sé si podría llegar a existir algo que pudiera calmar mi no sé qué. Te pido que seas comprensible y me dejes respirar por mí mismo. Te pido que te alejes de mi razón y corazón. Deja que aprenda a caminar sin apoyarme en tu hombro y piensa que es mejor que el humo de nuestro entorno no haga indivisibles mis rojas mejillas que aparecen siempre al final de mi sonrisa. Tengo calor y siento consquillas en los pies, como si fuera con la pluma que siempre jugabas a hacerme reír, a buscar mi sensibilidad y a comernos con las miradas. Dejaste de buscar una sonrisa para encontrar lágrimas que salían de una desesperación que ojalá esté a un palmo de escaparse de la realidad. Te pido que no interrumpas mis sueños, que no entrecortes mis ganas de luchar, que no hagas desaparecer mi constancia y sobre todo, que no intentes recuperar lo que ya está perdido, lo que un día arrojaste por la ventana de tus sentimientos. Espero que me hagas ese favor y que dejes de aparecer en mi melodía, en el ritmo de mis pasos o en las frases que escribo. Y aquí, donde la calma es imposible que sea alcanzada por nada, sigo viendo una parte de esa nada que me hace lentamente morir; aquí, donde mis alegrías cobran vida y donde mis ganas de vivir son más fértiles que nunca; aquí, donde la soledad muta a un sentido agradable, donde los amaneceres se repiten cada 12 horas; aquí... aquí nunca deja de llover. Y entiende que, aunque pido que te alejes, no quiero perderte.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Un gran paso hacia el positivismo.
Me levanto y cuándo será el día en que mire la hora de hoy y no la de ayer... pero me levanto, me miro al espejo y diviso una pequeña sonrisa. Para ser primera hora de la mañana no está mal. Es cuando me doy cuenta de que la imagen que veo es gracias a ti. Gracias a que estás no podrías sentirte solo. Gracias a que hoy te tengo no podría no poder. Ya que nunca me cansaría de decirte que la vida son dos días, que hay que vivirla con esperanza. Que mi alma no se cansa de repetir ese firme eco que ahoga mis llantos. Que mi libertad me viene como anillo al dedo y... ¿sabes por qué? porque aquí todos somos uno, pero cada uno forma su todo. Mi todo es lo que llevo y mi nada es lo que ya no está. Por suerte por fin me he dado cuenta de que las etapas de la vida son y serán siempre mejores al recordarlas. Sólo sé que soy feliz gracias a lo que fue ayer, pero gracias a que el día de hoy no es como los de ayer. Mi sonrisa aún serguirá viva para recordarme mi identidad.

Más ganas que siempre. Más importante que nunca.
Sólo se vive una vez.
Habría bastado un suspiro para que se hubiera dado cuenta de lo mucho que estaban perdiendo. La vida está para disfrutarla, disfrutarla sin complejos, temores ni prejuicios; para poder confiar en quienes lo merecen, para poder reirte hasta sentir agujetas en el estómago, para poder besar con los ojos cerrados, para soñar con sonrisas exclusivas, para oler el perfume de tus latidos, para saber clasificar cada una de las etapas... y algún día os dareis cuenta de que lo que hemos estado ocultando, nuestro miedo a borrar el pasado, no es más que un mero bulo. Que el pasado se guarda clasificado en cajoncitos de nuestra memoria y que cuando querramos podremos abrirlos y volver a sentir tantas glorias vividas. Junto a mi alma encuentro paz, pero junto a mi almohada sólo me queda miedo... miedo a saberlo, pero no a sentirlo
domingo, 7 de noviembre de 2010
¿Y tú presumes de penas?

Nacimos con la esperanza de que la vida nos abriera infinidad de posibilidades. Nacimos seguros de que esto no sería algo así como "pasaba por aquí...". Al instante supimos que no hay vida sin gozo, ni gozo sin sufrimiento pero que todo ello sería parte de nuestro maravilloso día a día.
Pero no contamos con que habíamos partido desde lo dubitativo: de que no todo lo que habíamos presupuesto iba a ser hecho próximo. Porque cada vez que nos levantábamos sólo nos disponíamos a ver lo que nuestros ojos querían ver, que sólo pensábamos cuando se suponía que debería estar fría nuestra mente. Todas las mentiras, todo lo contradictoriamente crédulo era algo así como... unas falsas obviedades fabricadas inconscientemente y sin maldad alguna desde el interior de nuestro ser.
Esto es, sabemos que nos tocará sufrir, pero contra eso nos regocijamos en pensar de que la balanza alguna vez estará de nuestro lado; sabemos lo que es y no correcto, y que hallando esa corrección la vida se portará mucho mejor con nosotros; sabemos que las injusticias existen, pero rezamos para que a nosotros no nos toque ser el afectado... así hasta interminables acciones de las cuales no nos sentiríamos orgullosos de que nos pasaran.
Aún así, cuanto peor nos sentimos, más ansias de superioridad solemos tener. No hablo de todo el universo humano, sólo hablo del innato egoísmo que nosotros mismos nos encargamos de crecer y alimentar años tras años. Bien, como decía, cuanto más miserables y absurdos nos sentimos, hacemos más hincapié de nuestro espíritu -falso o no- de lucha, de nuestra desgracia impropia, de nuestro injusto peso moral, de nuestro inmerecido castigo... en definitiva, aun teniendo un aparato medidor de las penas, estos debates nunca podrían desaparecer por excesivas creencias infundidas de nuestros propios derechos.
¿Quién necesita medir el mal propio y el ajeno para saber quién merece más o menos ayuda? ¿Quién inventaría una especie de jerarquía a la hora de otorgar premios por una lucha más o menos constante? Sólo el mero hecho de estar pensándolo patalea de cara al Humanismo. No es más quien más padece, sino quien quiere ser más dentro de uno mismo, quien decide luchar por él, por los demás y por su vida.
A mí sólo me gustaría que ocurriera el hipotético caso de que algún día se descubriera una medicina contra las penas ajenas, para aclarar tantos rostros oscuros, para iluminar la vida de quienes sí lo merecen- que no hace falta que sean medidos, todos somos merecedores de una gran sonrisa diaria siempre que no se la arrebatamos a nadie.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Misterios.
Todos en algún momento tenemos la necesidad de sentirnos derrotados, de brotar sentimientos injustos o de dejar escapar cierta satisfacción, dejando entrever que nunca fuimos lo que soñamos. Claro que ciertos espejismos nacen de falsas esperanzas que alimentan día tras día una sociedad limitada de razones. Que todo el mundo tiene motivos suficientes para romper sus ilusiones o para pixelar sonrisas impropias de nuestras lágrimas. ¿Por qué no dejamos atrás aquellos prejuicios y recolocamos nuestras cabezas sobre los hombros? Porque todo el mundo tiene derecho a dudar, pero eso no tiene por qué decir que no seamos felices o que no sepamos con total seguridad que esta es la vida que deseamos. Porque yo estoy volando aunque a veces me maree; porque aquí estoy bien aunque todo no lo tenga; porque poco es todo si siento que es suficiente.
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